Un plan contra los malvados de ElectroRetiro
Y llegó el lunes, el temido día en el que traían todos los nuevos y relucientes aparatos y retiraban todos los electrodomésticos usados. Uy, perdón, retiraban todas las máquinas electrodomésticas usadas, pero en perfecto servicio.

La mañana comenzó con un grito de la Mamá de Mica:
–¡Nooo! ¡Ya están viniendo, Mica!
–¿Quién está viniendo, Mamá?
–¡Todos!
–¿Quiénes son todos, Mamá?
–Todos. La camioneta con las máquinas electrodomésticas nuevas llega a la casa nueva en dos horas. Y la furgoneta de El Retiro del Cacharro, la empresa que se llevan los nuestros, llega en media hora. Y lo peor de todo es que…
–¿Hay todavía más, Mamá? ¿Algo aún peor?
–Sí, que me he enterado leyendo reportajes en Internet que los de El Retiro del Cacharro no juegan limpio. Que no es verdad que trasladen los aparatos a un punto limpio, o que los lleven a algún sitio para su reutilización o para el reciclaje de piezas, que no, que me han cobrado un dinero prometiendo eso, pero luego los tiran en cualquier barranco o descampado, embalse o acantilado, o vete tú a saber dónde.
–Entonces es como cuando metes la suciedad de lo que barres debajo de la alfombra –intervino la abuela Anastasia.
–¡Madre mía, madre mía, madre mía, qué papeleta! –exclamó Mica–. Pero Michelito y yo tenemos un plan y hay que ponerlo en marcha ahora mismo… No tenemos tiempo que perder. Abuela, ¿tú recuerdas aquella película de Almodóvar?
–¿Qué he hecho yo para merecer esto?
–No, esa no. Mujeres al borde de un ataque de nervios. Cuando Carmen Maura le echa somníferos al gazpacho para que los polis se queden groguis y ganar tiempo…
–¡Ah, sí! Ya caigo.
–Pues, abuela, tienes que hacer lo mismo. Ya te estás poniendo a hacer zumo de mandarinas de ese que te sale tan rico, y échale algún somnífero… Invitamos a los operarios de El Retiro del Cacharro cuando hayan cargado la furgo y así, cuando se queden dormidos, Papá conduce la furgo ya llena y llevamos a todas nuestras compañeras las máquinas electrodomésticas a la casa nueva y las ponemos a resguardo, en un lugar seguro.
–Entendido, Mica. Un plan genial.
–Pero no te pases con la dosis. Que se queden dormidos una hora o así.
–Lo controlo perfectamente. Con la de pastillas que yo me he tomado en esta vida para dormir…
–¿Y qué hacemos con la camioneta con las máquinas electrodomésticas nuevas?
–Nada, Mamá, a esos no los vamos a dormir. Que lleven todo lo nuevo. Lo guardamos en el trastero y ya iremos usando las nuevas máquinas según vayamos retirando las otras, una vez que ya no den más de sí. Pero lo primero es lo primero: darles la oportunidad a nuestras máquinas de que se conviertan en brillantes estrellas aprovechando al máximo su vida con nosotras.
–De acuerdo, hija.
–Vamos, Abuela, a hacer el zumo de mandarinas. Y tú, Mamá, vete preparando a Papá para que conduzca la furgo de El Retiro del Cacharro hasta la casa nueva.
Media hora más tarde, sonó el timbre de la casa de la familia de Mica.
–Buenos días, somos El Retiro del Cacharro, Trabajo Sostenible sin Comerse el Tarro.
–Ya, el eslogancito verde para que todo cuele –dijo por lo bajini la Mamá de Mica.
–Green Washing –intervino Mica.
–¿Grin Washington? ¿Ese quién es?, ¿un actor de Hollywood?
–No, Abuela. Lavado verde de cara…
–Con lo rico que es el jabón de avena de toda la vida para la piel…
–Déjalo. Haz el zumo, anda, por fa.
–Voooy. Bueno, el jabón de argán también es bueno… Todo lo que sea natural…
Media hora después, entre sonrisas y disimulos de todos, ya estaba cargada la furgoneta de El Retiro del Cacharro. Allí metidos todos esos entrañables aparatos que ya conocemos tan bien y se han hecho nuestros amigos en capítulos pasados: Dora la Lavadora, el Señor Microondas, Míster Frigorífico, Doña Aspiradora y Don Televisor, la señora Tostadora y la señorita Batidora, Molinillo TurboX… Y a los tres operarios de El Retiro del Cacharro les empezó a entrar un sueño horrible, de esos a los que resulta imposible resistirse.
–Venga, rápido, Papá. ¡Al volante! Sube Mamá, sube Michelito. Tú, Abuela, te quedas aquí. A estos tres los cargamos junto a las máquinas electrodomésticas, y cuando se despierten, que se encuentren con el escarmiento, la furgo es de ellos, pero nuestras amigas electrodomésticas se quedan con nosotras… ¡Venga! Tú, Papá, cógeles por los brazos, y Michelito y yo por las piernas, y ¡hale hop, a la furgo!
Tras media hora de ruta por las calles de la ciudad, llegaron a la nueva casa de la familia de Mica y comenzaron a descargar las máquinas electrodomésticas. Pero… Pero no todo el plan iba a salir perfecto. De repente, se despertaron los operarios de El Retiro del Cacharro, pusieron el grito en el cielo, llamaron estafadores a Mica, a Michelito y a sus padres, pero, como la madre les echó en cara que había descubierto lo que hacían con el material que recogían, no se estuvieron a más debate ni conversación y se precipitaron a marcharse. Arrancaron la furgoneta y pegaron un acelerón…
Pero, pero, pero… Y aquí viene lo peor de este plan y de este capítulo. A Mica y su familia no les había dado tiempo a descargar todas las máquinas electrodomésticas y los malvados de El Retiro del Cacharro se llevaron –¡ay, qué disgusto!– nada menos que a Doña Aspiradora y a Sandy Wichera, que además, de tanto compartir horas muertas en el armario, se había hecho novia y pareja inseparable de Molinillo TurboX.
Por más gritos y carreras tras la furgo que echaron Mica y Michelito, no hubo manera de alcanzarlos ni de que se detuvieran. Gente así no repara en el corazoncito de las máquinas electrodomésticas, tienen en la cabeza una caja registradora de euros y solo piensan en el negocio, por muy sucio y malo que resulte para el planeta.
Mica, agotada, se sentó en una acera y, mirando a Michelito, se echó a llorar diciendo: “¡Qué faena! Despertaron demasiado pronto. Abuela fue demasiado prudente con las pastillas. ¡Pobre Doña aspiradora, pobre Sandy Wichera! ¿Ahora qué hacemos?”.
Y Michelito contestó: “Y a ver cómo se lo contamos a Molinillo”…
Texto escrito por Rafa Ruiz, periodista y coordinador de El Asombrario.
Ilustración realizada por Raúl Ortiz.
Puedes leer el sexto capítulo aquí.

