A simple vista pueden parecer una mancha sobre el agua o una acumulación natural provocada por el calor. Sin embargo, detrás de muchas de las grandes proliferaciones de algas que aparecen cada verano existe un fenómeno mucho más complejo: un desequilibrio del ecosistema acuático provocado por el exceso de contaminación.
Las llamadas floraciones algales, también conocidas como algal blooms, se están convirtiendo en uno de los indicadores más visibles del deterioro de la calidad del agua. Su aparición está estrechamente relacionada con el exceso de nutrientes procedentes de actividades humanas, especialmente nitrógeno y fósforo, combinado con temperaturas más elevadas y cambios en las dinámicas naturales del agua. Esto puede afectar al abastecimiento, reducir el oxígeno disponible, provocar mortalidad de fauna acuática e incluso generar riesgos para la salud.

Cómo empieza una floración algal
Las algas forman parte natural de los ecosistemas acuáticos y cumplen una función esencial dentro de la cadena trófica. El problema aparece cuando determinadas condiciones disparan su crecimiento hasta niveles que el sistema deja de poder absorber.
Uno de los principales desencadenantes de estas proliferaciones es la llegada excesiva de nitrógeno y fósforo procedentes de fertilizantes agrícolas, aguas residuales urbanas y determinadas actividades industriales. Cuando estos nutrientes alcanzan lagos, embalses, ríos o zonas costeras, actúan como un fertilizante que acelera el crecimiento de algas y microorganismos.
Este proceso recibe el nombre de eutrofización y está considerado uno de los principales problemas de calidad del agua a escala global. No implica únicamente que haya más algas: implica que el ecosistema empieza a funcionar de forma diferente.
Cuando el agua deja de respirar
Una floración intensa puede cubrir grandes superficies y alterar completamente el funcionamiento del medio acuático.
Aunque durante su crecimiento las algas generan oxígeno mediante fotosíntesis, cuando la biomasa muere comienza su descomposición. Ese proceso consume grandes cantidades de oxígeno disuelto y puede provocar condiciones de hipoxia, niveles muy bajos de oxígeno, o incluso anoxia, cuando prácticamente desaparece.
La Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA) advierte de que estas proliferaciones pueden generar pérdida de biodiversidad, degradación del hábitat, mortalidad de peces y alteraciones importantes en los servicios ecosistémicos asociados al agua.
Además, el problema no se limita al medio natural: también afecta a actividades económicas como el turismo, la pesca, la acuicultura o el abastecimiento urbano.
El papel de las cianobacterias y sus toxinas
Uno de los aspectos menos conocidos es que muchas de las proliferaciones más problemáticas no están causadas por algas tradicionales sino por cianobacterias, microorganismos fotosintéticos capaces de producir sustancias tóxicas.
Algunas cianobacterias generan cianotoxinas, compuestos que pueden afectar a personas y animales mediante el contacto recreativo con el agua, el consumo o determinadas exposiciones indirectas.
Sin embargo, existe un aspecto importante: no todas las aguas verdes son peligrosas y no todas las proliferaciones producen toxinas. La presencia o ausencia de riesgo no puede determinarse únicamente por observación visual y requiere seguimiento y análisis específicos.
Cambio climático y contaminación: una combinación que favorece su expansión
Durante años las floraciones algales se asociaron principalmente a la contaminación por nutrientes. Hoy el escenario es más complejo.
El aumento de la temperatura del agua y determinadas alteraciones hidrológicas pueden favorecer floraciones más frecuentes, más extensas y potencialmente más intensas. Las aguas cálidas y con menor movimiento crean condiciones especialmente favorables para algunas cianobacterias.
Actuar antes de que aparezcan floraciones
Eliminar una floración una vez que ya se ha producido suele ser costoso y complejo. Por eso, gran parte de las estrategias actuales se centran en prevenir.
Las líneas de actuación más extendidas incluyen:
- Reducir la entrada de nitrógeno y fósforo mediante una gestión más eficiente de fertilizantes y aguas residuales.
- Mejorar la monitorización de la calidad del agua y la detección temprana.
- Restaurar ecosistemas acuáticos capaces de absorber nutrientes.
- Impulsar modelos de economía circular que reduzcan pérdidas de nutrientes.
Más que un fenómeno aislado del verano, las floraciones algales se han convertido en una señal visible de la relación entre contaminación, cambio climático y presión sobre los recursos naturales.
Un síntoma que va más allá del agua
Cuando una masa de agua cambia de color, el problema rara vez empieza en el agua.
Las floraciones algales recuerdan que los ecosistemas funcionan como sistemas conectados: lo que ocurre en el suelo agrícola, en una red de saneamiento o en una ciudad puede terminar manifestándose kilómetros más abajo, en un río, un embalse o en la costa.
Por eso, abordar este fenómeno significa hablar de calidad del agua, pero también de modelo productivo, planificación territorial y capacidad de adaptación ambiental.

