¡Vaya calores, guapetes, que estamos pasando! Que a veces hasta me veo a punto de explosionar… Pero, no, no, tranquilos, que aquí está Pili Plus de nuevo para darlo todo de sí. Con energía muy positiva, sí, y resolutiva, sí. Súper contenta además con mi nueva imagen con piercing incluido.

Y antes de pasar al meollo del asunto, a lo medular, a la miga, os quería consultar algo. Sigo decidida a renovarme. Así que he pensado hacerme un tatuaje guapo en mi cilíndrico cuerpazo. Pero tengo mis dududas, duduá. A ver si me ayudáis a resolverlas. ¿Qué me hago? ¿Algo tribal, algo japo o chino, algo tipo cómic, algo geométrico, algo que recuerde a mi familia o a mi pareja, que aún no tengo, pero bueno, me la puedo inventar, algo figurativo tipo águilas, serpientes o caimanes, alguna frase chula? Estoy hecha un lío. Así que si me ayudáis, por fa, a desenredarme, os estaré la pila de agradecida. Venga, poneos las pilas y escribidnos/escribidle a mi camarada rafaruizmad@gmail.com, que tanto monta monta tanto él como yo, con ideas, propuestas, bocetos, dibujos, ¿vale? Yo se las paso a Raúl y en la siguiente entrega ya veréis mi nuevo lookazo…
Esto va como un tiro. Y mi ayudante de cámara nos va a ayudar a resolver el anterior reto, porque me ha escrito una propuesta chulérrima. Os rrrecuerdo el rrreto, el séptimo rrreto. Decía yo así, o asá, no, más bien ansí, uy, no, así: “Nos lo presentan todos esos aparatos a pilas que miden temperaturas y tensiones, todos esos monitores de temperatura corporal y presión arterial que usáis los humanos. Ellos quieren trasladar su cometido a una visión más global: la temperatura y presión del planeta, por eso tan grave y urgente, ya sabéis, de la crisis climática. ¿Qué hacemos para no achicharrarnos vivos?, dicho rápido y un poco a lo bruto. La familia de los termómetros y tensiómetros os lo expone clarito: ¿Nos ponemos las pilas y frenamos el cambio climático?, ¿cómo?”.
Y la solución es súper natural.
Empieza por A.
Y acaba por L.
¡Eso es! La solución es el árbol.
Y mi ayudante de cámara cita al neurobiólogo vegetal Stefano Mancuso, italiano él, para dejar clara la solución. En sus libros –como Fitópolis o El futuro es vegetal o Los hombres que amaban las plantas– nos descubre la inteligencia de las plantas y nos reclama que les hagamos caso para solucionar nuestros problemas de civilización.
Así dice, por ejemplo: “Las ciudades del futuro, ya sean construidas desde cero o renovadas, deben transformarse en fitópolis, lugares donde la relación entre plantas y animales se acerque a la relación armoniosa que encontramos en la naturaleza. No hay nada de mayor importancia que esto para el futuro de la Humanidad”. “Necesitamos a las plantas para mejorar nuestras vidas, para inventar nuevas tecnologías, para imaginar nuevos modelos de organización social más descentralizados, menos jerárquicos. Las plantas son paradigmas de la vida contemporánea por su flexibilidad y fortaleza”.
Y, sobre todo, en Fitópolis nos da las claves: “¿Qué podemos hacer para que las ciudades sean más resistentes a estos cambios ya inevitables? En la inmensa mayoría de las ciudades no se está haciendo nada: la gente actúa como si el fenómeno no existiera. (…) Unas pocas municipalidades más ilustradas están atajando el problema de raíz e intentando enfriar sus ciudades en la medida de lo posible. Entre estas destacan los esfuerzos de Seúl, que ha plantado 16 millones de árboles para minimizar sus islas de calor y la contaminación por micropartículas, y el intento de capitales europeas como París o Berlín de hacer que sus zonas urbanas sean lo más permeables posible, sustituyendo los espacios impermeables por zonas verdes y promoviendo soluciones para que los tejados o las superficies de los edificios sean más verdes. En fin, que es posible adoptar medidas prácticas y rápidas; sólo hace falta voluntad”.
“Existen soluciones para que nuestras ciudades resistan mejor las consecuencias del calentamiento global –soluciones que además harían que nuestras ciudades fueran más bellas–, pero estas no pueden limitarse a plantar unos cuantos árboles. Para llevarlas a cabo sería necesario convencer a la mayoría de la población de su utilidad, algo que sólo conseguiremos con educación, con un ambicioso plan de alfabetización sobre los riesgos del calentamiento global. Mucha gente, la inmensa mayoría, no es consciente de lo que se nos viene encima. (…)
La sucesión ininterrumpida de fenómenos catastróficos –cuya probabilidad sería mínima en ausencia del calentamiento global– es percibida como mera casualidad, no como parte de un cambio general, y así se informa de ellos en los medios de comunicación”. “Hemos mencionado varias veces que la presencia de una gran cubierta arbórea es uno de los elementos fundamentales para el futuro de las ciudades (…) La razón principal de la importancia de los árboles es muy sencilla: enfrían el ambiente, un efecto que en tiempos de calentamiento global no es en absoluto secundario. De hecho, para ser aún más precisos, no conocemos nada que sea tan eficaz como los árboles para enfriar un centro urbano. (…) En resumen, sin mencionar siquiera los enormes beneficios que los árboles y la vegetación aportan a la estética y a la salud humana, debería ser evidente que no existe nada igual cuando se trata de contrarrestar las consecuencias del calentamiento global”.
Más sencillo y natural no puede ser, ¿no? Qué listo este Mancuso y Rafa Ruiz por traérnoslo aquí de forma tan tan tan oportuna.
Que muchas veces no hay que romperse mucho la cabeza para inventar tecnologías muy complicadas o diseñar planes carisisímos, que la solución radica –me encanta este verbo, que viene de raíz– a menudo en la naturaleza, y yo no conozco tecnología más completa, barata y bella frente al calentamiento que la de los árboles, que por algo ha sido diseñada a lo largo de millones de años. Queridísimos y queridísimas, que a veces, muchas de las veces, basta con abrir las orejas y escuchar. Bueno, sí, las ojeras, los ojos, también. Je.
Y vamos ya con el nuevo reto, que no podía ser otro que uno relacionado con el acontecimiento protagonista del verano: ¡el eclipse solar! Así que nos viene muy a cuento el reto que me traen mis primas las linternas y lámparas a pilas, un sector al que yo tengo mucho cariño, porque en mi familia cuento con muchos antepasados que trabajaron en linternas… Ellas nos quieren iluminar sobre un asunto, enfocar bien y hacer ver –este mes que tanto miramos para arriba, al cielo, al universo– el problema de la contaminación lumínica, que nos iluminan las poblaciones, vale, pero nos ciegan los cielos nocturnos. ¿Qué hacemos? Hala, dándole al magín, que es gerundio, y escribiéndonos, que también es gerundio.
Ay, paro ya, que me estoy calentando en exceso, que es gerundio, y muy gerundioso.
¡Hasta protón!

