
El plástico que se tira al contenedor amarillo ha estado en contacto con todo tipo de sustancias (detergentes, aceites, suciedad). Para que pueda volver a tocar un alimento, la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) exige superar unos requisitos de limpieza extremos.
El proceso «super-clean»: así se desinfecta el plástico
Para eliminar cualquier rastro de contaminación invisible (como los compuestos orgánicos volátiles que causan malos olores o sabores), el plástico no se puede simplemente lavar con agua y jabón. Debe pasar por tecnologías industriales avanzadas llamadas procesos super-clean:
- Triturado y lavado inicial: El plástico se clasifica, se limpia de etiquetas y se tritura en pequeñas escamas o flakes.
- Extrusión con desgasificación al vacío: Las escamas se funden a altas temperaturas dentro de una máquina (extrusora). Mientras el plástico está derretido, un sistema de vacío absorbe con fuerza los gases y los contaminantes volátiles atrapados en el material, purificándolo desde el interior.
- Policondensación en estado sólido (SSP): En el caso de las botellas, el plástico ya fundido y convertido en granos (pellets) se introduce en reactores a alta temperatura y vacío durante horas. Esto termina de limpiar el material y le devuelve la resistencia mecánica que necesita para fabricar un envase nuevo.
rPET frente a rPP: ¿Por qué no todos los plásticos se limpian igual?
La industria del reciclaje tiene dos realidades muy diferentes cuando se trata de envases aptos para alimentos:
- El rPET (fácil de limpiar): Es el plástico de las botellas de refresco o agua. Al ser un material muy denso y poco poroso, los contaminantes se quedan solo en la superficie. Por eso, los procesos actuales consiguen eliminar la contaminación casi al 100%, logrando una homologación rápida y segura.
- El rPP y rPE (el gran reto): Son los plásticos de los envases de yogur, bandejas o botellas de leche. Estos materiales actúan como una «esponja»: absorben los químicos y los olores hacia el interior del propio plástico. Eliminar esos compuestos volátiles es muchísimo más difícil y requiere tecnologías de vacío mucho más potentes y costosas para que la EFSA apruebe su uso con alimentos.
Los límites de seguridad en la fábrica
Para garantizar la salud del consumidor, la ley mide con lupa la migración química, es decir, la cantidad máxima de sustancias que el plástico puede «traspasar» al alimento:
Por norma general, la migración global de sustancias del envase a la comida no puede superar los 10 miligramos por decímetro cuadrado de superficie del plástico.
Para sustancias más complejas o peligrosas, los límites son aún más bajos (midiéndose en partes por millón), obligando a las plantas de reciclaje a realizar auditorías continuas con simulantes de alimentos (como soluciones ácidas o grasas) antes de que el lote salga al mercado.
El futuro del packaging alimentario
El camino hacia un packaging alimentario sostenible no está libre de desafíos técnicos. Mientras que el reciclaje de botellas de agua (rPET) ya es una realidad totalmente consolidada en nuestros supermercados, la industria concentra ahora sus esfuerzos en optimizar la tecnología para que los envases de yogur o tarrinas (rPP) alcancen los mismos niveles de pureza y seguridad.
Cumplir con los exigentes límites de migración de la EFSA requiere inversión e innovación en los procesos de desgasificación, pero es el único camino viable para lograr un mercado de envases verdaderamente circular y seguro para la salud de todos.

