
¡Hola, prendas! ¿La gozasteis en verano? Aquí vuelve Pili Plus, más positiva, optimista y energética que nunca, dispuesta a arreglar el mundo… Que, por cierto, vaya paliza que nos estáis dando a nuestra familia con tanta coletilla de ‘¿qué, has recargado las pilas para el nuevo curso?’. Sinceramente, vaya pesadez, no damos abasto…
Bueno, se hará lo que se pueda, je, para recargaros a todos y todas.
Que está todo muy patas arriba; y el eclipse solar no nos ha servido ni para relativizar problemas, ni cambiar perspectivas, ni mirar las cosas de otra forma. En fin… Hay lo que hay; y no se le puede pedir peras al olmo ni chispazos permanentes a las pilas.
Tú, Raúl, mi querido ilustrador, ¿qué tal lo llevas? ¿Ya tienes afilados los lápices y la imaginación para lo que se nos viene encima?
Allá va el recordatorio de nuestro octavo reto, el que nos trajeron mis primas las linternas y lámparas a pilas… Decía así: “Ellas nos quieren iluminar sobre un asunto, enfocar bien y hacer ver el problema de la contaminación lumínica; que nos iluminan las poblaciones, vale, pero en exceso y nos ciegan los cielos nocturnos. ¿Qué hacemos?”.
María Isabel Peña nos escribe desde un pequeño pueblecito de Cantabria para arrojarnos luz sobre el asunto: “¡Menos farolas y más luciérnagas!”. Así comienza su misiva. “Apaguemos tanta luz artificial en ciudades y sobre todo en pequeños pueblos en medio del campo, y quizá así podremos fijarnos más en recuperar las luciérnagas, esos insectos de la familia de los coleópteros, esos gusanos de luz, que cuando yo era pequeña animaban todos los caminos y veredas de mi aldea y ahora, que tengo ya 80 años, no los veo; bueno, que hace muchos años ya que no veo ninguna, y eso que me pongo gafas progresistas”.
Ay, qué gracia tiene la María Isabel, que en vez de gafas progresivas nos dice progresistas. Hace bien, que hay que ser progresista en esta vida, de los pies a las gafas.
¡Menos farolas y más luciérnagas, querida María Isabel! Qué gran lema. Me lo apropio. Menos sustancias tóxicas en el campo y más naturalidad en todo. Menos herbicidas y más caracoles; menos abonos químicos y más grillos y saltamontes. Es el ciclo de la vida. Menos artificios y más naturalidad. En todo. Más sencillez y menos postureos. Más serenidad y menos ambiciones y explotaciones y urgencias que no van a ninguna parte…
Ay, es que he venido muy zen y muy zentrada después de las vacaciones. Las antepasadas de mis primas las linternas nos contaron muchas veces, a la hora de apagarnos e irnos a dormir, relatos sobre lo maravilloso que era orientar a los humanos y humanas por caminos y senderos a oscuras; y lo emocionante que resultaba toparse con las luciérnagas, esos seres mágicos que en las culturas orientales están asociados con la belleza melancólica de lo efímero; tradicionalmente se cree que representan las almas de los muertos.
Pues eso, prendas, que este reto nos sirva para mirar con calma al cielo y a la naturaleza, para relativizar nuestros contratiempos diarios y para no poner tanto artificio en todo, tanta luz a deshora, que, aunque esto va un poco en detrimento (¿se dice así?, ay, de repente me ha parecido un palabro feííísimo, de-tri-men-to; suena a detritus), bueno, pues eso, en detrimento de mis primas las linternas, hay mucho misterio e interés en las sombras, en la oscuridad, en lo desconocido, y hemos de recuperarlo…
¿A que pasito a pasito, mes a mes, vamos construyendo un mundo más chulo? ¿A que sí? Si los relojes a pilas nos enseñaron a vivir más relajadamente, a dar tiempo al tiempo; las linternas nos han traído la lección de las sombras, la oscuridad, el cielo lleno de estrellas y los campos recuperando la magia de las luciérnagas…
Me he venido poética. Y para no perder el ritmo y el sentido os quiero proponer como próximo reto algo muy conceptual: el sobrepeso de la Humanidad. Este reto me lo han trasladado mis sobrinas las básculas y balanzas; sí, prendas, sí, toda esa enorme familia de pesos de cocina, pesos de cuerpos humanos, pesos en las tiendas… etc, etc… que siguen usando pilas botón, tontón de la tontonera…
Y digo lo del sobrepeso de la Humanidad porque esa ONG que tanto y tan bien se preocupa por la salud del planeta, el WWF, elabora un informe anual muy muy muy interesante sobre el consumo que la Humanidad entera hace del planeta y la capacidad de recarga de éste; no es una pila recargable ni una batería, pero, vaya, así se dice, porque la naturaleza en su conjunto y totalidad tiene la capacidad de recargarse siempre que la dejemos.
Mirad, lo explican así: “El Día de la Sobrecapacidad de la Tierra marca la fecha en la que la demanda de recursos y servicios ecológicos de la Humanidad en un año concreto supera lo que la Tierra puede regenerar en ese año. En términos económicos, sería como agotar el saldo disponible en la cuenta bancaria y entrar en números rojos. Entre las consecuencias más visibles de este consumo excesivo de recursos naturales destaca la deforestación, la erosión del suelo, la pérdida de biodiversidad y la acumulación de CO2 en la atmósfera. Todo ello contribuye a que se produzcan fenómenos meteorológicos extremos con mayor frecuencia –como sequías persistentes, lluvias torrenciales, olas de calor– que impactan en los ecosistemas y conllevan la disminución de la producción alimentaria”.
¿Y qué ha pasado este año 2026?, ¿cuándo nos hemos fundido la cuenta corriente planetaria? Pues nada menos que el 30 de julio. Es decir, que los siguientes cinco meses estamos viviendo endeudados, de prestado, consumiendo más de lo que el planeta se ha recargado en un año, quitándole ahorrillos o capacidad regenerativa para el futuro. Un desastre, vamos…
A mí es que estas cosas me funden y me llevan los demonios. No sé adónde, pero me llevan. Y que la gente no se dé cuenta… En fin… Venga, querides lectores y lectoras de los Retos de Pili Plus, enviadnos misivas con propuestas sobre cómo reducir esta sobrecarga, este sobrepeso de la Humanidad. Ya sabéis, mi dircom y ayudante ‘pa todo’ o ‘casi tó’, mi camarada rafaruizmad@gmail.com
¡¡¡Hasta protoncito (o protóncito, no sé cómo os suena mejor)!!!

