
Planes de revolución en la cocina
– ¡Hola, señor Microondas! ¡Allí me colé y en tu fiesta me planté!
– Mica, ¡has aprendido la contraseña para hablar con nosotros!
– Sí, me la ha dado Dora, porque quiero saber qué es lo que tanto os preocupa a las máquinas electrodomésticas de esta casa.
– Eeeeh, qué rápido vas, Mica. No has tardado ni un micromomento en soltarlo. Es un macroproblema el que tenemos. ¡Un megaproblema, diría yo! De dimensiones colosales y estratosféricas.
– ¡Wala, qué intriga!
– Es un problema… ¿cómo te lo mediría yo para que te hagas una idea?… Un problema como de aquí a las estrellas.
– Jo, pues sí que es un problema, sí.
– Tanto que todas las máquinas electrodomésticas de esta casa nos estamos planteando hacer una rebelión, o quizá incluso una revolución. ¿Tú te acuerdas de aquella canción de Alaska y los Pegamoides? Esa que decía: “Se han rebelado todos a la vez, La Turmix, la plancha y la Moulinex. Se han vuelto locos de repente. Hay que ver. La aspiradora se niega a aspirar. Dice que no, que no, ni hablar. La nevera está leyendo a Marx. Y me dice que la deje en paz. Se han rebelado todos a la vez. La Minipimer se ha unido también”.
– Uy, sí. Se la he oído cantar a mi padre mientras pasa la aspiradora.
– Pues eso, ni más ni menos, ni un micromás ni un micromenos, sino en su medida y temperatura exactas, lo que nos estamos planteando. Ponernos de brazos cruzados y hacerlo todo mal. Que me pides que te caliente la leche, pues yo te la pongo hirviendo en 10 segundos. Que me pides descongelar algo, pues yo solito me desenchufo y me hago el tonto. Je, bueno soy yo… ¡Menudos cambios de temperatura tengo que soportar!… Pregunta, pregúntale a la señora Tostadora.
– ¡Hola, señora Tostadora! Soy Mica. Allí me colé y en tu fiesta me planté.
– A ver, exactamente qué es lo que quieres. Si lo que quieres es una tostada en su punto, no hace falta que me hagas la pelota, que llevo ya hechas unas cuantas, exactamente dos para tu padre y dos para tu madre para el desayuno y otras dos y dos para vuestra merienda, o sea, 8 al día, multiplica por 365 días al año, hacen un total de 2.920 tostadas al año, quítale 30 días de vacaciones de agosto, y 10 días de Navidad y otros 10 días de Semana Santa, que no estáis en casa, que os vais a la sierra o de viajecitos por Europa o la costa cantábrica, vamos, que no estáis, o sea quítale 50 días, a 8 tostadas por día, hay que restar 400, o sea, 2.520 tostadas al año, multiplica por 5 años que hace que me comprasteis, eso hace un total de 12.600 tostadas hechas aquí por la menda, y en perfecta forma, eh, a lo que le tienes que sumar ocho tostadas de las meriendas de las amigas de tu madre que vienen dos sábados al mes, eso supone 16 más al mes, multiplica por 11, le quitamos agosto, son 176 más, y han venido los últimos tres años, o sea que tenemos que multiplicar por 3, lo que hace un total de…
– Uf, para, para, Tostadora, que creo que me voy a marear.
– Pero, Tostadora, ¿¡no ves que estás agobiando a la niña?!, mira cómo se le han puesto las coletas, ¡se le han hecho trenzas! Como microondas que soy, creo que no hay que ser exactamente tan microexactos, relájate un poco, no te calientes, y vamos al grano, o al microgramo, para ser más precisos y precisas.
– ¿Granos?… ¿Granos? Sí, claro, te puedo hacer la cuenta de los kilos de grano de trigo y de centeno y de maíz que hay en todas esas tostadas, que no siempre toman las mismas los miembros de esta familia. Mira, si cada rebanada de pan tiene…
– Que no, que no, que no es ese el asunto, Tostadora. Que pareces el Conde Draco de Barrio Sésamo, contándolo todo, qué manía con contarlo todo… Por cierto, qué gran serie Barrio Sésamo, soy macrofan, nunca han hecho nada igual…
– La lavadora fan de Mafalda, el microondas fan de Barrio Sésamo. ¡Me encanta esta cocina!
– Disculpa, Mica, que tercie y meta cuchara. Me presento: soy la señorita Batidora, os estaba escuchando y no me he podido resistir a entrar en la conversación.
– ¡Hala, así, a lo bruto, en plan batidora, agitándolo todo, sin contraseña ni nada!
– Yo soy así, Mica, muy impulsiva, y más desde que tu familia me ha apartado, me ha condenado al ostracismo del fondo del armario. No hay derecho ni justicia social. Desde que os habéis comprado ese… ese… ese robot que parece que lo hace todo, que cualquier día le quita también el trabajo a la aspiradora y se pone a limpiar la casa. Desde que lo habéis traído aquí, ya ni os acordáis de mí ni me usáis para nada. Que estoy arrinconada, con el señor Molinillo, que menuda depresión tiene, por algo parecido, por esa maquinita de las cápsulas de café…
– Ya me ha contado algo Dora.
– Total, Mica, que con una cosa y otra, y más ahora, con la desagradable noticia que nos ha llegado…
– Desagradabilísima, diría yo, macro o megadesagradable –apuntó Microondas.
– De una desagradabilidad de tres cuartos de kilo por lo menos, calculo yo.
– Mucho más, Tostadora, mucho más –matizó Microondas.
– Desde que ha llegado esa noticia a esta cocina nos estamos planteando muy seriamente la rebelión e incluso la revolución –sentenció, muy firme, Batidora, sin dar un signo en esta ocasión de encontrarse agitada.
– ¿Y qué puedo hacer yo?
– Lo primero, Mica, contrasta opiniones –intervino Microondas–. Habla con Míster Frigorífico y luego sal al salón y pregunta, pregunta. Dirígete a la aspiradora y al televisor a ver qué te dicen, a ver si también opinan que esto es motivo suficiente para montar una buena en esta casa, y no precisamente una fiesta.
Así, con un encargo parecido al del primer capítulo, Mica se movió al otro extremo de la cocina para hablar con el frigorífico, súper robusto él, de impresionante volumen metalizado, y continuar la investigación de por qué las máquinas electrodomésticas de su casa estaban tan preocupadas, alteradas y revolucionadas, a puntito puntito (o micropuntito, como diría Microondas) de ser revolucionarias.
Texto escrito por Rafa Ruiz, periodista y coordinador de El Asombrario.
Ilustración realizada por Raúl Ortiz.
Puedes leer el primer capítulo aquí.

