Tenemos en lo más profundo del agujero negro entre Neptuno y Plutón a nuestra expedición ECO-L.E.C. (Eco.lunas.estrellas.constelaciones) 300 247 / SANDY-ASPI formada por Mica, Michelito y la Abuela Anastasia, el Señor Microondas y la Señora Tostadora, con Nicanor pilotando el cohete intergaláctico.

–En 15 minutos estaremos aterrizando en el jardín de vuestra casa de la urba, Mica y Michelito –anunció, ceremonioso, Nicanor.
Pero van a ser 15 minutos muy intensos. Vais a ver cosas que nunca creeríais, como decían en aquella famosa peli sobre el futuro, Blade Runner.
Atención, habla el Señor Microondas:
–Mire, usted, Comandante Nicanor, la Señora Tostadora y yo hemos pensado que…, hemos pensado que… nuestros goznes y engranajes ya no dan más de sí, con tanto viaje por el Universo y diferencias de presión y gravedad, creemos que ya no damos más de sí… Y por eso hemos pensado que…, hemos pensado que nuestra misión en la Tierra ya no da más de sí, que ya hemos cumplido, y por eso nos gustaría…, nos gustaría… Es que lo quiero decir con precisión, ya me conocéis, ya sabéis cómo soy, nos gustaría a la Señora Tostadora y a mí quedarnos aquí…, en el Universo, en el espacio, ya nos entendéis, para convertirnos, ya sabéis, convertirnos en eso tan preciosísimo que hemos visto. En estrellas fugaces. Y que desde la Tierra nos pidan deseos. Señora Tostadora os quiere añadir algo más.
–Sí, por señas, Sandy Wichera y Doña Aspiradora nos han mostrado también su disposición a quedarse aquí, y correr nuestro mismo destino…
–Es decir, por abreviar y concretar–apuntó el Señor Microondas–, que queremos que nos suelten aquí a los cuatro, nos damos la mano, nos quedamos flotando… hasta que pase lo que tiene que pasar…. ¡Fiuuuuuu! ¡Estrellas fugaces!
Nicanor, que siempre ha sido un piloto muy resolutivo, aceptó sin más rodeos, mezclando con mucha gracia lo más tecnológico con lo más castizo:
–¡Ea, pues sea!
Total, que allá se quedaron flotando, y agarradas de sus cables, las cuatro máquinas electrodomésticas.
–Ay, Nicanor –intervino Abuela Anastasia–. Tengo la sensación de que esto se acaba, que estamos llegando al final de un ciclo.
–¿¡No me diga que también usted quiere que la suelte por la trampilla para quedarse flotando en el espacio!?
–Nooo. No, no, no… Yo aún tengo que dar mucha lata en casa y en la urba. Ja, ja, ja…
–¡Ah, menos mal!
–Pero sí tengo la sensación de que esta aventura se acaba, y me da mucha pena. No sé, me había acostumbrado a estos trotes… Oye, Nicanor. Oyesss, como dicen algunos… Ja, ja, ja… ¿Tú crees que a nosotros, ya sabes, los humanos, también nos sucede algo parecido a las máquinas electrodomésticas cuando llegamos al final de nuestras trayectorias?
–Claro que sí, Anastasia. Desde pequeñitos nos enseñaron aquello de que la energía ni se crea ni se destruye, que se transforma. Como la naturaleza. En la naturaleza todo se re-crea, se recicla y adquiere nuevas vidas. Lo que sucede es que los humanos nos hemos separado mucho de la naturaleza, nos hemos alejado, hemos seguido un rumbo distinto, como independiente, como si nosotros no fuéramos también naturaleza.
–Me encantará ser una estrella fugaz.
–Bueno, tengo entendido que los humanos no se transforman en una estrella fugaz exactamente, sino en estrellas…, ¿cómo podríamos decir?…, estrellas fijas, estrellas-estrellas.
–¡Anda, la osa! ¿Y cuántas estrellas-estrellas puede haber en el Universo, Nicanor?
–¡Uf, Anastasia, muchisisisímas! Mire, esto es lo que nos enseñan en el primer curso de pilotos de cohetes y naves intergalácticas. Se lo digo tal como me lo aprendí de memoria: Hay alrededor de 100.000 millones de galaxias en el universo. Y cada galaxia tiene aproximadamente 200.000 millones de estrellas. Entonces, para obtener el número total de estrellas en el universo hay que multiplicar estas cifras. Este cálculo da un número enorme, uno que quizá no hayas oído antes. Es un 1 seguido de 22 ceros: diez sextillones. Hay diez sextillones de estrellas en el universo, un número incomprensiblemente grande.
–¡Diez sextillizos…, ay, perdón, diez sextillones de estrellas!
–Sí, millón arriba, millón abajo.
–Ahí cabemos todos.
–Claro.
–O sea, que seré una de esas estrellas.
–Claro. Usted, Anastasia, y yo… Y Mica y Michelito… Ahí cabemos todos.
–¡Ea, pues sea!, como dice usted. Ja, ja, ja…
–¡Hey! Estamos llegando a la Tierra, y a vuestro jardín, Mica y Michelito.
–Y a mí que también me da pena que esto se acabe, como a la abuela –dijo Michelito.
–Y a mí –añadió Mica.
–¡Pero, atentos, mirad! ¿¿¿Qué pasa ahí abajo???
Mica, Michelito y la Abuela Anastasia se asomaron a las ventanitas redondas del cohete última generación. Y se quedaron pasmados con lo que vieron.
Muchos de sus vecinos –cientos o miles– estaban tumbados en jardines y parques. Y todos presentaban algo en común. Todos tenían una máquina electrodoméstica a su lado, como si fuera una mascota, como si fuera un perro o un gato o un pato o un conejo.
–¿Pero qué hace toda esa gente ahí y así? –preguntó Mica.
–Pronto lo sabremos –contestó, tan profesional y sereno como siempre, Nicanor–. Yo intuyo algo, pero seguro que Papá y Mamá os lo podrán explicar. Enseguida os podréis reunir con ellos.
Damos un salto en el tiempo. Nos saltamos todos los saludos, gritos y saltos del aterrizaje del cohete y el recibimiento familiar. Nos saltamos todas las preguntas y exclamaciones, y vamos directamente a lo que nos interesa.
–Pero, Mamá, ¿qué hace toda esa gente tumbada, mirando al cielo y con una máquina electrodoméstica al lado?
–Ay, hija… No sabéis lo famosos que os habéis hecho. Os habéis convertido en estrellas…
–¿Convertido en estrellas?
–Bueno, Mica, es una manera de hablar… Os habéis convertido en protagonistas de las redes sociales, que a menudo las redes digitales, bien usadas, pueden ser muy interesantes, te enteras de muchas cosas y haces muchas relaciones con gente con tus mismos gustos e inquietudes… Y puedes compartir… Os habéis convertido en protagonistas de redes y de los informativos de la radio y la tele locales… Todo el vecindario conoce vuestra aventura espacial. Y todos han aprendido lo que pasa con las máquinas electrodomésticas mal usadas y retiradas, y bien usadas y retiradas. Que si la basura cósmica…, que si las estrellas fugaces.
–No veas la conciencia ecológica y de consumo responsable que les ha entrado a todos de repente –añadió Papá–. Están esperando a que anochezca. Porque desde que salió vuestra historia, la alcaldesa ha organizado la Gran Semana Verde, y todos los vecinos, prácticamente todos, salen a sus jardines y parques para tumbarse y ver las estrellas fugaces para pedirles deseos. Y cada noche, cuando terminan, acuden a un punto limpio que la alcaldesa ha habilitado como algo especial esta semana, para dejar allí otra máquina electrodoméstica que ya haya llegado al fin de sus días para que no se acaben las estrellas fugaces y no se acaben los deseos. ¡Viva la alcaldesa!
–Ah, claro, porque si se acaban las máquinas electrodomésticas bien usadas, retiradas y recicladas se acabaría la posibilidad de pedir deseos –concluyó Mica.
–¡Y eso es una abominación!, como dirían en la película Lilo y Stitch –concluyó Michelito con una conclusión a la que recurría a menudo.
–Sería el fin del futuro de la Humanidad –añadió Mica.
–Anda, venid a descansar, tumbaos, he preparado un zumo de plátano y he traído unas pilas y unos discos. Ahora ya no nos quedan más máquinas electrodomésticas inservibles. Pero con estas cosillas bien recicladas podemos seguir pidiendo deseos…, aunque sean pequeñitos, sin exageraciones.
–Deseos pequeñitos –remató Mica–, de temporada, de cercanía, sin despilfarros ni postureos.
Risas de todos.
Mientras, Nicanor despega con su cohete intergaláctico rumbo al planeta Kepler-1544b, que es como un mini-Neptuno con la base para este tipo de naves espaciales.
Texto escrito por Rafa Ruiz, periodista y coordinador de El Asombrario.
Ilustración realizada por Raúl Ortiz.
Puedes leer el undécimo capítulo aquí.

