Desde hace casi un año España está experimentando lo que se conoce como sequía prolongada, es decir, está lloviendo menos de lo normal. Se trata de una situación natural que se produce por falta de precipitaciones, siendo uno de sus efectos más importantes la reducción de los caudales naturales circulantes. Esta sequía prolongada da lugar a la escasez, que provoca ciertos problemas a la hora de atender la demandas que se presentan en una región, tales como abastecimientos o regadíos.

En base a esto, el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, realiza un seguimiento mensual de estos indicadores, con el objetivo de contar con un informe detallado y aplicar las mejores soluciones en función del escenario que se presente.
Una de las sequías más acusadas de las últimas dos décadas
Según los datos del informe generado por el Ministerio, en los últimos 12 meses, la media de precipitaciones ha sido de 503,7mm, una cifra muy inferior a la media nacional normal con respecto al periodo de referencia 1991-2020, que se situaba en 640,1mm.
La tendencia a la baja es más acusada en en el último semestre, donde el valor global de precipitaciones ha sido de 332mm, es decir, un 17,5% menos en comparación con el periodo de referencia anteriormente citado, repartiéndose de manera desigual en el territorio.
Para medir la distribución de las precipitaciones en el país, se realiza una división de las diferentes demarcaciones hidrográficas existentes en España. De esta forma, las zonas de Galicia costa y Miño-Sil son de las pocas que presentan valores positivos de lluvias en este periodo.
Por el contrario, las demarcaciones del Cantábrico Oriental y Occidental tienen valores mucho más negativos en la mayoría de sus zonas, especialmente en Bilbao (-118mm) y Oviedo (-116,1mm).
En la parte del Duero, Burgos es la localidad donde ha llovido menos en dicho periodo, con -35,1mm, mientras que en el Tajo, todas las zonas presentan valores negativos a excepción de Cáceres (+71,2mm).
En la demarcación del Guadiana, Badajoz sí cuenta con cifras positivas (+70,4mm) en contraposición con Ciudad Real (81,3mm); y en el Segura, los valores oscilan entre -61,3mm y -125,7mm.
En la zona del Júcar, Valencia y Castellón son las únicas localidades donde ha llovido más en este periodo, no así en Cuenca, Teruel, Albacete o Alicante. Un escenario muy similar al que se presenta en las Baleares, donde la única isla que se salva es Menorca (+167,1mm).
Todas las localidades de la zona del Ebro presentan números negativos, donde destaca Foronda-Txokiza con -202,3mm, al igual que en la Cuenca Fluvial de Cataluña con Girona a la cabeza con -192,4mm.
Las Canarias, Ceuta y Melilla también se encuentran en esta situación de sequía.
Especial preocupación en el sur
Aunque las cifras negativas están presentes en toda España, es en el sur donde hay mayor preocupación. Prácticamente toda Andalucía está en un periodo de sequía, puesto que en ninguna demarcación aparecen localidades en positivo. Sevilla y Morón de la Frontera son las localidades con valores más altos en cuanto a falta de precipitaciones en la zona del Guadalquivir, mismo panorama que presenta Málaga en las Cuencas Mediterráneas andaluzas (-187,5mm).
También nos encontramos este escenario en la zona de Guadalete-Barbate y Tinto, Odiel y Piedras.
Daños en diferentes sectores
Esta sequía prolongada puede traer consecuencias negativas a diferentes sectores en España. En el terreno de la salud pública, la sequía afecta a contar con menos cantidad de agua potable, así como a la calidad de la misma. También se aumenta el riesgo de poder realizar actividades recreativas, los efectos pueden perjudicar la calidad el aire, además de contar con una peor alimentación y aumentar la incidencia en enfermedades.
Por supuesto, estos daños también se ven reflejados en el sector económico, puesto que la sequía afecta de forma negativa a la agricultura y ganadería. Debido a la falta de lluvias, hay ciertos cultivos que se han desarrollado tarde y de manera insuficiente, especialmente los cereales, viñedos, olivares y frutos secos.
Misma situación se vive en la ganadería, con pocos pastos que son la base de alimentación de cabras, ovejas y vacas. Y también la falta de precipitaciones está presente en la apicultura, debido a la poca floración.

