En los últimos tiempos hay multitud de noticias donde la sequía copa un amplio protagonismo dentro de la actualidad y de las preocupaciones de la ciudadanía. La escasez de lluvia durante meses en muchos puntos del país ha derivado en un descenso del agua disponible en los embalses, así como un problema para el sector agrícola, entre muchos otros. Esta es una de las caras visibles del Cambio Climático, que afectan de muchas manera a la vida diaria de las personas a y la salud del planeta.

Por ejemplo, en numerosos municipios de España, durante algunos periodos de tiempo, se ha procedido a restricciones de agua en algunas horas del día. Ante estas cuestiones, en los debates entran alternativas para combatir en la falta de precipitaciones. Una de las soluciones puede ser la desalación como fuente de agua.
Pero, ¿en qué consiste realmente la desalación? Se trata de un proceso por el que se elimina la sal y otros minerales que proceden del agua salada. De esta forma, se consigue agua que es apta para el consumo humano, además sirve para la agricultura y la industria, entre otros sectores. Así, se satisface la demanda de agua y cubre necesidades básicas para la población.
Ventajas de la desalación
La principal ventaja de la desalación es, como ya hemos comentado, poder proporcionar agua potable a la población. Un hecho que es fundamental para regiones o espacios en los que la escasez de agua es importante debido a la falta de precipitaciones.
Además de para el consumo humano, la desalación de agua es vital y crucial para diferentes sectores económicos que necesitan de agua potable para poder funcionar, desarrollarse y sobrevivir.
Asimismo, otra ventaja es que la desalación del agua es posible independientemente de la climatología que se produzca. Este proceso puede llegar a proporcionar un suministro constante durante todo el año para cubrir las necesidades y demandas que existan.
Aun así, la desalación es un proceso que se enfrenta también a desafíos sostenibles. Uno de ellos es el coste energético que se necesita para que funcione este proceso. Hay dos métodos diferentes que ponen en funcionamiento la desalación: por un lado está la ósmosis inversa (que es el más común) y por otro la destilación (que consiste en calentar el agua salada para provocar la separación entre agua y sal); y en ambos se necesita de bastante cantidad de energía.
En este sentido, la investigación y la modernización de tecnologías son varios caminos para reducir este coste energético que se produce durante la desalación.

