¿Qué son los RAEE?
Los Aparatos Eléctricos y Electrónicos (AEE) forman parte de nuestro día a día. Están en los hogares (frigoríficos, lavadoras, planchas, móviles, tablets), en el ámbito profesional (ordenadores, impresoras, equipos de telecomunicaciones) y también en sectores tan sensibles como el sanitario o el audiovisual, donde se utilizan equipos altamente especializados.
Cuando estos dispositivos dejan de funcionar o cumplen su vida útil, se convierten en residuos. En ese momento pasan a considerarse RAEE, residuos de aparatos eléctricos y electrónicos, con todo lo que ello implica en términos de gestión, reciclaje y responsabilidad ambiental.
La definición oficial de RAEE está recogida en el Real Decreto 110/2015, de 20 de febrero, que desarrolla lo dispuesto en la legislación sobre residuos. Según esta normativa, los RAEE son:
- Todos los aparatos eléctricos y electrónicos que se convierten en residuo en el sentido de la Ley 7/2022.
- Incluyen componentes, subconjuntos y consumibles que forman parte del producto en el momento en que se desecha.
Asimismo, es importante señalar que existe un Real Decreto de 2021que modifica determinados artículos del Real Decreto 110/2015. Esta actualización no altera la definición de RAEE, pero sí introduce cambios relevantes:
- Definición de AEE: se actualiza el concepto de aparatos eléctricos y electrónicos, ampliando su descripción a todos aquellos que requieran corriente eléctrica o campos electromagnéticos para funcionar, incluidos los destinados a generar, transmitir y medir dichas corrientes, siempre que no superen 1.000 V en corriente alterna o 1.500 V en corriente continua.
Categorías de AEE
Los aparatos eléctricos y electrónicos se dividen en categorías y subcategorías en función de su uso y de sus características. La clasificación de estos aparatos ha evolucionado. Desde el 14 de agosto de 2018, el Real Decreto 110/2015 establece 7 categorías (frente a las 10 anteriores):
- Aparatos de intercambio de temperatura (frigoríficos, congeladores, aire acondicionado, etc.).
- Monitores, pantallas y aparatos con superficie superior a 100 cm2.
- Lámparas (fluorescentes, LED, etc.).
- Grandes aparatos (electrodomésticos, equipos de sonido, herramientas eléctricas, etc., con dimensiones superiores a 50 cm).
- Pequeños aparatos (electrodomésticos, juguetes, instrumentos de control, etc., con dimensiones inferiores a 50 cm).
- Equipos de informática y telecomunicaciones pequeños.
- Paneles fotovoltaicos (silicio o teluro de cadmio).
Esta clasificación simplifica la gestión y facilita la trazabilidad de los residuos.

Los RAEE como recurso y la Economía Circular
Lejos de ser solo basura, los RAEE son una importante fuente de recursos. Contienen metales férricos, aluminio, cobre, plásticos y componentes que, si se recuperan mediante un correcto reciclaje, vuelven a introducirse en el ciclo productivo, reduciendo la extracción de materias primas.
Se trata de un claro ejemplo de Economía Circular, que se fundamenta en las 4R:
- Reducir la generación de residuos.
- Reutilizar aparatos y componentes.
- Reparar cuando sea posible.
- Reciclar para recuperar materiales y energía.
En 2024, la Fundación ECOLEC gestionó 108.549 toneladas de RAEE, evitando la emisión de más de 146.000 toneladas de CO2 equivalente. Desde 2017 ECOLEC ha gestionado más de 100 millones de kilogramos de RAEE gestionados conforme al RD 110/2015 en cada uno de los ejercicios, convirtiéndose en el primer y único sistema colectivo de responsabilidad ampliada del productor (SCRAP) de España en superar los 100 millones de kilogramos (100.000 toneladas) anuales de RAEE correctamente gestionados. Estos datos muestran cómo la correcta gestión tiene un impacto directo en la sostenibilidad y en la lucha contra el cambio climático.
Riesgos ambientales de los RAEE
Los RAEE contienen materiales valiosos, pero también sustancias peligrosas que pueden ser muy dañinas si no se gestionan correctamente. Entre ellas se encuentran el cadmio, mercurio, plomo, fósforo, arsénico, aceites peligrosos y gases como los CFC, HCFC, HFC, hidrocarburos o el amoníaco, que pueden afectar gravemente a la salud humana y al medio ambiente.
Por ello, la normativa exige que la recogida, transporte, almacenamiento y tratamiento de RAEE se realice de forma separada, evitando su mezcla con otros residuos y garantizando medidas de seguridad que impidan liberaciones peligrosas.
Como ejemplo, esta tabla en la que se indica el porcentaje en peso de los materiales contenidos:
| Categoría | Metales férricos | Metales no férricos | Vidrio | Plásticos | Otros |
|---|---|---|---|---|---|
| Grandes electrodomésticos | 61 | 7 | 3 | 9 | 21 |
| Pequeños electrodomésticos | 19 | 1 | – | 48 | 32 |
| Equipos informáticos | 43 | – | 4 | 30 | 20 |
| Telecomunicaciones | 13 | 7 | – | 74 | 6 |
| Electrónica de consumo | 11 | 2 | 35 | 31 | 22 |
| Lámpara de descarga de gas | 2 | 2 | 89 | 2 | 3 |
La importancia del reciclaje de RAEE
El crecimiento de la industria tecnológica ha disparado la generación de RAEE: entre 2014 y 2021, la generación de RAEE pasó de 44,4 a 62 millones de toneladas, y se proyecta que para 2025 superará los 65 millones, alcanzando finalmente los 82 millones en 2030.
En España, se ponen en el mercado más de un millón de toneladas de AEE al año, de las cuales al menos 650.000 toneladas deberían gestionarse de forma correcta. Sin embargo, no siempre ocurre, lo que supone un riesgo ambiental y un despilfarro de recursos.
Los aparatos eléctricos y electrónicos poseen unas características especialmente contaminantes. Un frigorífico mal reciclado emite a la atmósfera gases de efecto invernadero equivalentes a las emisiones de un coche en 15.000 kilómetros, también el fósforo que hay dentro de un televisor es capaz de contaminar hasta 80.000 litros de agua. Además, muchos de estos dispositivos contienen sustancias como mercurio, cadmio o bromo, lo que provoca daños muy graves al Medio Ambiente y a las personas que los manipulan.
Por todo esto, los dispositivos eléctricos y electrónicos requieren un cuidado especial, no sólo en su tratamiento y reciclaje, sino también en el resto de los procesos de recogida, almacenamiento y transporte. Todas las etapas de la gestión de estos aparatos deben hacerse en unas condiciones que garanticen su seguridad, sin mezclarse con otros flujos de residuos (recogida separada) y evitar manipulaciones o roturas que puedan liberar las sustancias peligrosas al Medio Ambiente.
Reciclar RAEE significa:
- Reducir emisiones de gases de efecto invernadero.
- Evitar la contaminación de suelos y aguas.
- Ahorrar energía y materias primas en los procesos productivos.
- Cumplir con los compromisos de sostenibilidad y con la normativa vigente.
Dónde reciclar los RAEE
Los usuarios también tienen un papel fundamental: desde depositar los aparatos en los puntos habilitados, evitar que acaben en vertederos o en la basura doméstica hasta contribuir a prolongar la vida útil de los equipos mediante reparación o reutilización.
Sin la colaboración ciudadana no es posible alcanzar los objetivos europeos de reciclaje. La normativa establece varias vías de recogida para poder reciclar correctamente los RAEE:
- Distribuidores: deben aceptar, de forma gratuita, los aparatos equivalentes que los usuarios entreguen al comprar uno nuevo (1×1). Si venden a distancia, deben recogerlo en el punto de entrega o domicilio del comprador.
- Establecimientos >400 m2: tienen la obligación de aceptar pequeños RAEE (menos de 25 cm), sin obligación de compra.
- Puntos limpios municipales: instalaciones públicas donde se pueden depositar gratuitamente.
- Tiendas #GreenShop: comercios adheridos a las Fundación ECOLEC y comprometidas con la gestión responsable de residuos.
Además, ECOLEC pone a disposición de la ciudadanía un buscador de más de 1.000 puntos #GreenShop de recogida en toda España, facilitando el acceso al reciclaje.
La industria tecnológica: un sector que no para de crecer
El avance de la industria tecnológica ha traído consigo un fuerte incremento en la generación de residuos de aparatos eléctricos y electrónicos (RAEE). Según el Global E-waste Monitor 2024, en el año 2022 se generaron 62 millones de toneladas de basura electrónica en el mundo, lo que convierte a este flujo en el residuo de más rápido crecimiento a nivel global. Las proyecciones son claras: para 2030 se alcanzarán los 82 millones de toneladas, lo que supone un incremento del 33% en menos de una década.

Este crecimiento está impulsado por la rápida innovación tecnológica, la reducción del ciclo de vida de los productos y el aumento del consumo en todos los países. El ritmo de generación de RAEE es muy superior al de otros residuos, multiplicando casi por tres la tasa de crecimiento de los residuos urbanos.
Los países que más residuos electrónicos generan
Actualmente, China y Estados Unidos concentran alrededor de un tercio del total de RAEE generados a nivel mundial, mientras que en Europa los países nórdicos encabezan el ranking en generación per cápita: Noruega supera los 28 kg de RAEE por habitante al año, seguida de Suiza e Islandia.
En España, cada año se ponen en el mercado más de un millón de aparatos eléctricos y electrónicos.
Según la normativa, al menos unas 650.000 toneladas de RAEE deberían ser gestionadas de forma adecuada, pero aún persisten problemas relacionados con la recogida y el reciclaje, lo que implica pérdidas de materiales valiosos y un riesgo ambiental considerable.
La falta de una gestión correcta no solo aumenta la acumulación de residuos en vertederos, sino que también implica un mayor consumo de recursos naturales, cuya extracción y transformación generan impactos ambientales y sociales de gran magnitud. Basta un dato ilustrativo: fabricar un ordenador requiere, de media, 1.500 litros de agua, 5.300 kWh de energía, 240 kg de combustibles fósiles y 22 kg de sustancias químicas.
Si los RAEE no se reciclan de manera adecuada, se pierden materiales críticos como cobre, aluminio, litio o tierras raras, esenciales para la transición energética y digital. Al mismo tiempo, se liberan sustancias peligrosas —mercurio, plomo o retardantes de llama bromados— que afectan a la salud humana y al medio ambiente.
El reciclaje y la gestión responsable de los RAEE son fundamentales para avanzar hacia un modelo de economía circular que permita conservar los recursos, reducir la presión sobre el medio ambiente y proteger a las generaciones futuras. Como consumidores y como sociedad, nuestra responsabilidad resulta clave para garantizar que estos residuos se gestionen conforme a la normativa y en condiciones de seguridad.












