
La industria de bebidas genera grandes volúmenes de subproductos orgánicos durante el proceso de elaboración.
El residuo más abundante es el bagazo de cerveza, el material sólido que queda tras el prensado y filtrado del mosto de cebada malteada. Tradicionalmente limitado a la alimentación animal de bajo valor, los nuevos procesos de biorrefinería permiten extraer proteínas de alto valor, producir bioplásticos y generar energía térmica en la propia fábrica.
Extracción de proteínas y fibras para el sector alimentario
El bagazo seco contiene aproximadamente un 20% de proteínas y un 70% de fibra dietética.
Mediante procesos enzimáticos de extracción húmeda, las plantas de procesamiento consiguen aislar estas proteínas para formular ingredientes alimentarios de origen vegetal destinados al consumo humano. Este aprovechamiento reduce la presión sobre el uso del suelo agrícola para cultivos proteicos como la soja, ofreciendo una alternativa local y de km 0 basada en la recuperación de un flujo de desecho industrial continuo.
Síntesis de biopolímeros a partir de azúcares residuales
Los carbohidratos complejos presentes en la celulosa y hemicelulosa del bagazo pueden someterse a procesos de fermentación ácida.
Las bacterias utilizadas en este proceso metabolizan los azúcares y los transforman en polihidroxialcanoatos (PHA), una familia de bioplásticos biodegradables en el medio marino. Este biopolímero sustituye a los plásticos derivados del petróleo en aplicaciones de un solo uso, proporcionando una alternativa técnica alineada con los requisitos de la normativa europea sobre envases biodegradables.
Cogeneración de energía térmica y reducción de huella de carbono
En grandes plantas de producción, el bagazo húmedo se deshidrata mecánicamente y se somete a procesos de digestión anaerobia o gasificación térmica directa.
El gas de síntesis (syngas) o el biogás resultante se utiliza para alimentar las calderas de vapor de la propia fábrica de cerveza. Este ciclo cerrado de autoconsumo cubre parte de las necesidades de calor de los procesos de cocción, reduciendo el consumo de combustibles externos y apoyando la hoja de ruta de descarbonización de la industria de alimentación y bebidas, en consonancia con la Directiva de Energías Renovables de la UE.

